PA1 – Mi Entorno

Un espacio deportivo increíblemente grande, el más grande en el que yo he corrido al menos. Situado en Paterna, a las afueras de Valencia, al lado de la Feria de Valencia.

Marcado por el azul y el naranja, pues son los colores valencianos, son los únicos colores vivos que se ven en el complejo, todo lo demás es una estructura de hormigón y acero que le da un toque frío pero a la vez realza la pista, pues en definitiva, es donde se desarrolla el evento. Techos muy altos, una especie de cúpula hecha con varillas de metal que crea un voladizo inmenso. Cuando ya estas tan cansado que te desplomas en la pista y tu vista cocha con el techo, esta estructura tan compleja es capaz de hacer que te marees más. Como no, destacar que cuando hace frío, hace mucho frío, pues es un espacio tan grande, que la calefacción tardaría horas en hacer efecto, por ello ni lo encienden.

En horas puntas de actividades extraescolares hay un bullicio increíble, lleno de gente, sobre todo niños. Sin embargo, a medida que cae la noche, se vacía y el silencio y tranquilidad son muy agradables.

Lo he elegido debido a que paso muchísimo tiempo aquí, demasiado creo yo, en este lugar. Esta es mi visión cada vez que llego y cada vez que me voy (mas o menos). Me gustan los espacios grandes, y este, es uno de ellos, además, su gran voladizo me fascina y su marcada presencia desde la calle, cautiva. Molesto como tal no encuentro nada, quizás la disposición de pilares a veces no es del todo simétrica con la estructura o con el mobiliario y me chirría o incomoda un poco.

Me provoca un sentimiento no comparable a otro, después de estos 2 años compartiendo buenos y malos momentos lo hacen único. El estado del velódromo está directamente relacionado con las emociones de sus ocupantes, ellos le dan vida a este mastodonte de hormigón y acero. Toda la energía que generan haciendo deporte, el que sea, desde atletismo hasta esgrima pasando por gimnasia rítmica, queda reflejado de alguna manera en el complejo. Bullicio, golpes, gritos, ánimos de compañerismo, signos de agotamiento, de efusividad…

En definitiva, un lugar muy útil para hacer deporte, con muchísimas facilidades. Pero sin embargo, a mi hay algo que no me acaba de gustar al 100%, acostumbrado a entrenar en Las Palmas, al aire libre, cerca del mar, notando la brisa marina, el sol pegando… Una sensación mas hogareña, puede ser esa la palabra, que da un sentimiento de pertenencia y por ende, de seguridad al lugar.

«ATMÓSFERAS«. Solo esta palabra ya evoca el tema principal de la charla, creo que está perfectamente elegida. Y es eso, cualquier espacio, por mínimo que sea, crea un entorno, un ecosistema, una atmósfera. Los arquitectos no solo diseñan edificaciones, crean una forma de vida. Ese espacio afectará directamente a alguien es su rutina. Hablamos de arte, de a dónde te pueden transportar, pero, ¿la arquitectura?, es capaz de llevar cualquier pensamiento a la realidad. Para mi, la arquitectura es la vía mas potente para incidir en las personas, para ayudarlas, para crear experiencias únicas y es por eso por lo que la estudio, quiero ser un diseñador de atmósferas.

Todavía no le había dado tanta importancia a la elección de los materiales, mi mente se ocupaba más en pensar en las formas, funciones y demás ideas creativas pero los materiales son como las palabras en una oración, de vital importancia. No solo por sus cualidades físicas y químicas, sino el sentimiento que transmiten ya sea para un entorno rural, de ciudad… Contaba Zumthor su anécdota con el suelo de madera y esa incredulidad de no saber si tu elección es la idónea o si en un futuro cercano se te ocurrirá una idea mejor pero ya sea demasiado tarde, como el bien expresa en esta frase «Pues bien, mas tarde, al colocarlo en obra, ¡oh, mierda!, ¡el cedro era mucho mejor!», algo que creo que nos pasa a una gran cantidad de personas. Siempre debemos recordar que cualquier mínimo detalle incide, todo, a nivel individual y a nivel colectivo debe tener conexión.

Algo que me ha abierto los ojos, y no lo digo por hacerme el interesante, de verdad, es la idea del sonido que crean los edificios. Parece un disparate al principio pero es totalmente cierto, el sonido que crea un edificio, o la gente relacionándose con el mismo es totalmente importante, siempre está en constante presencia pues el sonido nunca desaparece por completo. Y lo mejor, que los sonidos, o por lo menos en mi experiencia, son capaces de evocar recuerdos muy vivos con cierta facilidad.

«Conducir, inducir, dejar suelto, dar libertad» esto dice Peter acerca de los espacios, de la libertad que hay que ofrecer, del abanico de posibilidades que debemos dar para un correcto disfrute del espacio. Nos gusta explorar sitios nuevos, probar nuevas formas y no siempre hacerlo todo igual, aunque la eficiencia es perfecta a veces no todo el rato es necesaria en nuestra rutina. Además, lo de crear espacios simples, sin distracciones, sin función pero a la vez con la función de que la persona descanse de estímulos, que simplemente esté, es totalmente correcta pues nuestra mente debe descansar en algún momento.

«¿Qué quiero ver yo o quienes vayan a utilizar el edificio cuando estoy dentro? ¿Qué quiero que vean los otros de mí?».

Estas preguntas debo remarcarlas con la máxima potencia que este blog me deje. A lo largo de mi vida he habitado unas cuantas casas y cada vez que me hacía mayor y mi interés por la arquitectura aumentaba, estas preguntas rondaban mi cabeza, en si el que diseñó este espacio se habría planteado el por qué de cada cosa o simplemente es un diseño monótono buscando la eficiencia de viviendas y así pudiendo maximizar la ganancia de dinero y ahorrar el mayor tiempo posible. A veces quien diseña espacios no se pone en los pies del ocupante, creando incongruencias y espacios que no son aptos para un disfrute.

Y con esta frase quiero cerrar esta introspección de la arquitectura de un humilde estudiante al que todavía le queda mucho por aprender.

«Creo que la tarea más noble de la arquitectura es justamente ser un arte útil».

Gracias por haberlo leído.